Cavalia es el espectáculo de doma artística de caballos de los creadores del
Cirque Du Soléil. Pero no sólo tiene números con caballos, sino que es una mezcla perfecta entre espectáculo circense y exhibición ecuestre. Combina a la perfección espectaculares equilibrios, saltos y acrobacias con la más sorprendente muestra de las habilidades de los caballos, que realizan números que te dejan admirado sobre tal capacidad de aprendizaje. Como sus mismos creadores describen:
Nunca se había representado la unión entre el hombre y el caballo de forma tan bella e innovadora. Cavalia transporta al espectador a un mundo de creatividad e imaginación en un espectáculo que combina las artes ecuestres, la danza y las acrobacias con música en directo, proyecciones multimedia y decorados virtuales. Después de haber visto Cavalia cambiará la forma de ver a los caballos. Cavalia... Una aventura inolvidable.

Llevaba mucho tiempo esperando ir a ver el espectáculo, desde que me enteré por el telediario de que venía a
Barcelona. Sabía que le encantaría a con quien fui a verlo y ya empecé a preparar la sorpresa. Miré el día idóneo y reservé las entradas, y ya casi no quedaban para ese día y de esa categoría, y eso que aún faltaban casi 3 semanas. Escogí la modalidad
Rendez-Vous VIP principalmente porque ya que iba quería lo mejor, y poder disfrutar de un trato especial para mí y mi acompañante. Consistía en: los mejores asientos, estancia en la carpa VIP antes, en el intermedio, y después del espectáculo, barra libre de bebidas (se echó de menos que no hubiera nada para picar y que los bocadillos costaran 6€), recuerdo de
Cavalia y una visita a las cuadras tras la exhibición.

En general esta modalidad no acaba de compensar el precio, ya que está muy bien pero no conforme al desembolso. La estancia en la carpa VIP es agradable, con luz tenue e hilo musical, televisores con imágenes de caballos y todo bien ambientado, pero para la hora que era se echaron de menos algún tipo de canapé junto con la barra libre de refrescos y cava, ya que su ausencia implicaba o haber cenado a las 7 de la tarde o verte obligado a gastarte un dineral en un bocadillo, cuando ya te habías dejado un riñón en todo el paquete. No me pareció justo en ese aspecto. El recuerdo de obsequio fue un bonito calendario. Y por último la visita a las cuadras que luego comentaré. Que conste que el balance general fue muy positivo, pero quizás es un precio excesivo para la poca diferencia con otras modalidades.
Empezó el espectáculo, en un escenario que poco tardamos en descubrir que estaba
vivo, con un incesante movimiento de suelos, telones, plataformas, luces, paredes, cascadas desde el techo, etc. Un escenario que crecía, que menguaba, que se transformaba a medida que la historia transcurría y pasaba por cada una de las estaciones del año. Los nombres de cada acto los he sacado de la
página web del
Cavalia.
El Descubrimiento:
Un elegante bailarín y un impetuoso corcel, el equilibrio en armonía de la vida.Aparece un precioso caballo blanco, sólo él bajo tenues luces. El escenario muestra por primera vez su vida enseñándonos un lago en su centro, sobre el cual aparece bailando una dama. El caballo la admira, la respeta, se le acerca sumiso, y bebe junto a ella. Bailan. La bailarina se funde con él. Es el descubrimiento del uno sobre el otro.
La Bola:
El milagro de un primer encuentro. ¿Crees que podremos ser amigos?Empezamos a descubrir la cara circense. Una bola en el escenario, y un bailarín que la hace suya. Nos hace creer que toda la vida se ha movido sobre una bola, no falla, perfección. Movimientos suaves sobre la bola. El caballo aparece, solo, sin nadie que lo guíe, él sabe lo que tiene que hacer, unirse al artista de la bola y actuar con él, reencontrarse pero hacer creer que es un mágico primer encuentro, y lo consigue, el caballo lo consigue, porque actúa.
Vuelo:
¿Quién sabe dónde hacen guardia los ángeles?De nuevo el escenario cobra vida. Esta vez se cierra en una pista circular, sobre la que aparecen como volando tres mujeres descolgándose grácilmente del oscuro techo cableado. Bailan sobre sus ataduras, suben, bajan, se balancean, esperando a los jinetes. Éstos aparecen, en sus tres caballos, que dan vueltas a la pista, mientras las trapecistas se suben a ellos y los cabalgan como si flotaran. Te olvidas de los cables, sólo ves a los jinetes trotando con sus caballos mientras sostienen a un hada flotante cada uno. Belleza.
El Espejo:
A veces vemos en otros seres el reflejo de nosotros mismos.Una amazona aparece con su corcel blanco. Blancas son también sus vestiduras. Se mueve suavemente sobre su montura, mientras el animal da pasos pulidos y refinados. Se acerca al centro del escenario, donde se encuentra con otro caballo y otra dama sobre él. Simulan un espejo. Se mueve uno, mientras el otro hace lo propio a la inversa. Giran, se miran, se ven, cada uno el reflejo del otro. Movimientos exactos y precisos. Te crees que los caballos lo entienden, entienden que tienen que hacernos creer que cada uno es la imagen real y el otro el reflejo. Van a una, exquisitamente acompasados.
La Posta Húngara:
Viaje en el tiempo hacia el coliseo romano y sus intrépidas gestas ecuestres.El escenario llega a su máxima extensión, y las paredes se iluminan con los proyectores creando el amurallado de un anfiteatro de arcos romanos. Suena la música, que anima. Y velozmente aparecen bigas y cuádrigas, pero sin carro, los jinetes montan de pie sobre los lomos de los animales, mientras cogen las riendas. Las bigas, de dos caballos, dan vueltas y saltan obstáculos, mientras que las cuádrigas, de cuatro, los persiguen. Velocidad y elegancia, que te transportan a los tiempos en que las carreras ponían a prueba a estos bellos animales.
Libertad:
Flotando como un gavilán... vuela el ser humano.Llega el buen tiempo, el escenario así parece mostrarlo. Luces amarillentas, rojizas, imágenes templadas proyectadas sobre las paredes que contrastan con las del siguiente acto. Y un hombre que desciende de las alturas. Posa, danza, se desliza, domina sus ataduras a placer, y se posa suavemente sobre el caballo más grande, una auténtica preciosidad de animal. Se deja, lo permite, es parte de su sabiduría, el hombre volador le manda, él obedece.
Carrusel:
Mientras sus sombras se dibujan sobre los árboles, se ocultan juntos en un bosque secreto.Cambia el tiempo en el escenario. Oscurece, parece que llegó el frío. Cinco jinetes, cinco caballos, una sola orden silenciosa: haced lo que sabéis hacer. Parecen uno, se mueven al unísono. Se separan cuando tienen que hacerlo, se juntan cuando deben, no pisan en falso, y los jinetes los guían sólo en ocasiones. Los cinco se entrelazan, se unen, bailan, juegan elegantemente siguiendo una coreografía perfecta de la que no se desvían un ápice. Los caballos lo han memorizado, y ahora muestras exultantes lo que han aprendido, como si disfrutaran, y lo hacen.
Alta Escuela:
En un mundo a su medida, el tiempo se detiene.Caen hojas secas del cielo, sobre el escenario, sobre el público. Ha llegado el otoño, el frío lo presagiaba. Se llena todo de tonos marrones y amarillos apagados. Un caballo entra, con el pelaje en comunión perfecta con el escenario, un marrón castaño precioso. Lo monta una mujer, que únicamente hace que el caballo se suelte y confíe en ella. Ambos nos muestran por qué están ahí, porque crean, porque muestran un pedazo de arte, algo que ambos rebosan.
Volteo en Línea:
La velocidad, la precisión, la adrenalina. Sólo existe el presente.Te sorprenden. De repente te sumerges en una alocada carrera si así pudiera llamarse. Los caballos únicamente cruzan el largo del escenario, para desaparecer tras los telones, pero lo hace una y otra vez y a toda velocidad. Los jinetes gozan, gritan, se regodean en sus posturas, nos quieren mostrar lo fácil que hacen que parezca, pero no lo es. Prueban muchas posturas y en todas ellas te dejan sin habla. Entra en juego la comedia. Divierten, y a la vez entusiasman. La velocidad se junta con la belleza de los caballos americanos, y las acrobacias de los jinetes. Sublime mezcla.
Caballero Bungee:
Un jinete se sube a un caballo desconocido; de repente, aparece una mujer sobre él...Cae una intensa lluvia. El escenario cobra de nuevo vida, y deja que llueva sobre él. Una gruesa cortina de agua lo tapa cual telón. Sobre las gotas se proyectan imágenes, en las que un caballo parece sobresalir del agua. Precioso, inteligente, original. Aparece un corcel blanco, directo hacia la lluvia, y la cruza. Lo persigue un hombre, y habla con él. Se funden en una comunicación imperceptible, que se muestra al subir el hombre a su lomo. Y del cielo aparece la dama, descendiendo lentamente, para juguetear elegantemente y posarse como una pluma. Se completa el círculo, caballero, dama y dueño del bosque.
Liberté:
¿Quién dice que la comunicación necesita palabras?Libertad, esa es la palabra. Empiezan dos esbeltos caballos negros, con sus largas crines. Corren y galopan, solos, sin ayuda. Saben lo que hacen. Aparecen dos más, blancos. Se unen, actúan, coreografían sus movimientos. Despiden a los negros, y aparece el genio. El gran domador, el jefe, y sin palabras les guía. Los caballos lo admiran, le hacen caso y a gusto además. Saben que es su amigo, y le compensan. Le entienden, captan sus solas miradas, y lo aman. Él los quiere más que a ninguna otra cosa, y ese amor mútuo se percibe en cada uno de los movimientos. Los caballos lo aman.

Esos son los actos de los que consta la exhibición, y aunque haya comentado que el precio del VIP es exagerado en comparación con las otras modalidades, he de decir que en general me dejó fascinado. Al acabar la función, los mozos de cuadras (que no Mossos de Esquadra) nos llevaron a ver a los caballos. Aquí también me faltaron un par de detalles, como que la visita no fue guiada, es decir, que era por nuestra cuenta, y que quizás fue un poco corta, pero en general muy bien. Aunque haya criticado un par de cosas no me arrepiento de nada, simplemente lo comento como datos, pero ya para llegar a la perfección. Fue un día espectacular, y la experiencia es algo que un amante de los caballos no podría perderse, pero incluso a cualquier persona es algo de lo que le quedará un recuerdo muy especial.
Ahora
Cavalia ya se ha trasladado a
Madrid, donde estará hasta el
11 de Mayo, así que desde aquí aconsejo a todo el que tenga la oportunidad que se anime, que no se arrepentirá. Hay varios tipos de entradas, y varios horarios, consultadlo en su misma
página web, desde la que podéis reservar, comprar, informaros, etc. Vale muchísimo la pena, no es un espectáculo como cualquier otro, o como un circo, un zoo, o cualquier cosa, es algo único de verdad.
Lo mejor: que me dijeran "es al espectáculo que me han llevado que más me ha gustado en toda mi vida". Eso no tiene precio. Así que todo esto te lo dedico a ti, mi acompañante.
Y perdón por la tardanza en escribir todo esto, que como véis ha sido una entrada que lleva bastante trabajo. He puesto que aparezca la primera ahora que ya está acabada. Espero de corazón que os guste.
Un saludo ecuestre.